
Pinazas a la orilla del Niger (Malí)

Puerto de “Pinasses” (Piraguas) a la orilla del Niger (Malí)
Y es que aquí en África, hasta los ríos son caprichosos, niños díscolos que en vez de morir en el mar quieren hacerlo en las arenas del desierto. Ese es el Níger. El río “viajero” y “de los viajeros”. “Gher-N-Igheaen” o “ghirnigheren”, “río de los ríos”. También “río de los negros”, el “dasibari” de los romanos. El “Djoliba” mandinga. “¿Cuántos nombres tiene un curso de agua? Tantos como los pueblos que han bebido de sus orillas”. Este río ha sido durante siglos la arteria principal por donde corría la sangre, las gentes, de este cuerpo que es África del Oeste. Y aún lo es. El río comerciante por excelencia, el río que ha permitido el comercio de cosas y hombres entre las poblaciones de su ribera. Y aún más allá, porque desde muy antiguo, junto con el Río Senegal al Oeste y el río Nilo al Este, han sido la auténtica caravana de mercancías de África. Desde aquí, desde Mopti, se puede imaginar la extensión de este brazo de agua que es el Níger. Imaginar la historia que guardan sus aguas. Kulikoro, Djenné, San, Ségou, Mopti, Niafunké, Gundam, Gao o el mismo Tombouctou, aparecen en los mapas aferrados a sus orillas y son testigos de su historia de mercader durante más de mil años. Pero no es sólo eso, no sólo dio nombres a estos mágicos lugares, también sus aguas son sinónimo de vida. Una parte de la curva de Bouclé, recorrido que hace el río entre las poblaciones de Mopti y Gao, se inunda estacionalmente debido al escaso desnivel de sus aguas, y anegando los campos secos durante el “hibernage” los hace fértiles.

La Mezquita de Barro de Mopti (Malí)
4.200 kilómetros para atravesar Guinea Conakry, Malí, Níger, Benin y Nigeria. Tantos kilómetros hasta el Delta del Golfo de Guinea donde se presenta ante el dios Atlántico y descansa. Y así es este río, viejo y caprichoso, porque sino no se puede explicar su curso. Nace en el sur, en las tierras de Guinea Conakry pero, después, como en un ilógico sueño, en vez de la fertilidad del este se va al norte a buscar al desierto. Y cuando llega allí, quizá por la vista de Tombouctou, quizá por el miedo a fundirse con la arena, gira abruptamente y enfila raudo de agua el Sur de estas tierras. Allí le espera la muerte, en el Golfo de Guinea, frente al gran océano. Cuentan las leyendas que en el tiempo antiguo discurrían dos Níger por este cauce, uno descansaba próximo a Tombouctou y desembocaba en un gran lago perdido, el otro más al sur bañaba las tierras de Nigeria. Cuentan también que el Sahara, en el momento de nacer los casó para siempre. De eso hace más de 4000 años. Quizá el desierto fuera el fruto de ese extraño matrimonio de ríos. Tal vez por eso vaya al norte a buscarlo, a saber de él, y después retorne satisfecho con las respuestas.

Mercado “improvisado” a la orilla del río Niger (Malí)
La pinaza me espera en el puerto, en la orilla del agua. De verdad parece el desvencijado atrezzo de una vieja película. Pinaza de transporte, de mercancías, barco de madera vieja con mil viajes a sus espaldas, un toldo de plástico azul, un renqueante motor de camión, un espacio a llenar de mercancías. Hay otras pinazas, “turísticas”, más cómodas, mejor pintadas. Contraté mi viaje a un joven embaucador, Babilone, que se aprovechó de mi candidez, de mi ignorancia, embarcándome en este viejo transporte. Pero el engaño compensa, puedo imaginar sin cerrar los ojos, los mil años de comercio de estas aguas, en barcos similares, antiguamente cargados de hierro, oro, cera, colorantes, grandes bloques de sal del desierto, aceite, pieles que se venden a lo largo de las orillas, o se reservan para Occidente que paga mejores precios. Hoy es lo mismo, aunque las mercancías sean distintas, sacos de arroz o maíz, gallinas, grano, verdura, telas, cestos inmensos, bidones de gasolina, plátanos, cabras, racimos de pescado seco y cemento. Cruzarán el país a bordo de una de estas pinazas y permitirán así que el río cumpla su función de carretera de agua. Espero un largo rato mientras cargan el arroz, tantos sacos que la cubierta exterior apenas sobresale del agua. Un agua marrón, hija de las lluvias que han movido el fondo. Se me antoja algo peligroso, pero estos hombres cargan así sus barcos sabiendo que resistirán el viaje. Lo han resistido durante tantos años. Antes, estas pinazas, eran el único nexo de unión entre las poblaciones del borde. Y no solo transportan mercancías, también hombres, mujeres y niños.

“Mi” Pinaza particular donde pasaré 3 días hasta llegar a Tombouctou (Malí)
Bueno hermanito, que no se diga que no te escribo comentarios!!
Muy chulo el post.
Cada vez que escribes queda patente que tienes muchos viajes y muchos kilómetros a las espaldas, es un “honor” darte envidia con nuestros “modestos” viajes.
Nos muestras sitios evocadores, que transmiten la fuerza de África en cada píxel. Algún día espero conocer la décima parte de lo que conoces ese país.
Avísanos cuando esté el libro listo!
me gusta… un texto muy evocador… pero como quieres críticas pues te diré que me gustaría leer más cosas cercanas sobre la gente, supongo que es porque se trata solo de un pequeño fragmento y lo que te digo vendrá luego, ya metido en el viaje, pero lo que queremos los lectores es sentirnos por un momento partícipes del viaje y sentarnos en tu pinaza, ver detalles de tus compañeros de viaje, oir algunos de los diálogos que tuviste con ellos, saborear su comida, los colores de su ropa, sus historias, …. hombre, y para mí si ya puedes introducir los bichos, la naturaleza, los paisajes…
Las fotos muy guapas, espero que puedas incluirlas en el libro.
abrazos
fernan
Estoy planificando un viaje a Mali en mayo. Vamos un par de amigas bastante nómadas y ya he mirado los vuelos pero me gustaría consejo sobre hoteles y, sobre todo, me encantaría saber si merece la pena ir al Tombuctú o es mejor concentrarse en Pais Dogón, Djene, Gao,…vamos sólo ocho días.
¿Recomiendas Burkina Fasso?
Yo estuve en Senegal hace un par de años y lo que más me llamó la atención fue la amabilidad de la gente porque había recorrido el sur de África antes y allí la gente es más bien arisca, desconfiada, ¿es así en Mali?, ¿nos podemos mover sin guía?.