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Archive for 17 diciembre 2007

Bueno, hace ya unos cuantos días que no escribo nada. Hoy me toca. La cuestión es que estoy muy centrado acabando un libro de viajes (querido hermanito pronto podrás echarle un vistazo). El año 2005 viajé a Malí y a Burkina Faso. Fue un viaje increible y no sólo por las aventuras vividas, también por el viaje interior que me ha cambiado desde entonces. Quiero, como primicia para “mis” fieles lectores adelantaros un trozo de un capítulo. Estaba en Mopti (una ciudad de Malí) a punto de embarcarme en un viaje de tres días en barco hasta la mítica ciudad de Tombouctou. Las fotos son de alli. Espero que os guste (ah y también espero críticas sinceras). Un abrazo.
CAMINANDO EL RÍO


Pinazas a la orilla del Niger (Malí)

Dime, río, ¿por qué son tan caprichosas tus aguas?, ¿por qué quieres morir en aquel desierto de arena? ¿Acaso no le tienes miedo?, con tu largo cuerpo de serpiente, ¿no querrás clavarle tus afilados dientes de agua? Hazme caso, buen río, vuelve, no vayas tan lejos a secar tu cauce, no vayas.


Puerto de “Pinasses” (Piraguas) a la orilla del Niger (Malí)

Y es que aquí en África, hasta los ríos son caprichosos, niños díscolos que en vez de morir en el mar quieren hacerlo en las arenas del desierto. Ese es el Níger. El río “viajero” y “de los viajeros”. “Gher-N-Igheaen” o “ghirnigheren”, “río de los ríos”. También “río de los negros”, el “dasibari” de los romanos. El “Djoliba” mandinga. “¿Cuántos nombres tiene un curso de agua? Tantos como los pueblos que han bebido de sus orillas”. Este río ha sido durante siglos la arteria principal por donde corría la sangre, las gentes, de este cuerpo que es África del Oeste. Y aún lo es. El río comerciante por excelencia, el río que ha permitido el comercio de cosas y hombres entre las poblaciones de su ribera. Y aún más allá, porque desde muy antiguo, junto con el Río Senegal al Oeste y el río Nilo al Este, han sido la auténtica caravana de mercancías de África. Desde aquí, desde Mopti, se puede imaginar la extensión de este brazo de agua que es el Níger. Imaginar la historia que guardan sus aguas. Kulikoro, Djenné, San, Ségou, Mopti, Niafunké, Gundam, Gao o el mismo Tombouctou, aparecen en los mapas aferrados a sus orillas y son testigos de su historia de mercader durante más de mil años. Pero no es sólo eso, no sólo dio nombres a estos mágicos lugares, también sus aguas son sinónimo de vida. Una parte de la curva de Bouclé, recorrido que hace el río entre las poblaciones de Mopti y Gao, se inunda estacionalmente debido al escaso desnivel de sus aguas, y anegando los campos secos durante el “hibernage” los hace fértiles.


La Mezquita de Barro de Mopti (Malí)


4.200 kilómetros para atravesar Guinea Conakry, Malí, Níger, Benin y Nigeria. Tantos kilómetros hasta el Delta del Golfo de Guinea donde se presenta ante el dios Atlántico y descansa. Y así es este río, viejo y caprichoso, porque sino no se puede explicar su curso. Nace en el sur, en las tierras de Guinea Conakry pero, después, como en un ilógico sueño, en vez de la fertilidad del este se va al norte a buscar al desierto. Y cuando llega allí, quizá por la vista de Tombouctou, quizá por el miedo a fundirse con la arena, gira abruptamente y enfila raudo de agua el Sur de estas tierras. Allí le espera la muerte, en el Golfo de Guinea, frente al gran océano. Cuentan las leyendas que en el tiempo antiguo discurrían dos Níger por este cauce, uno descansaba próximo a Tombouctou y desembocaba en un gran lago perdido, el otro más al sur bañaba las tierras de Nigeria. Cuentan también que el Sahara, en el momento de nacer los casó para siempre. De eso hace más de 4000 años. Quizá el desierto fuera el fruto de ese extraño matrimonio de ríos. Tal vez por eso vaya al norte a buscarlo, a saber de él, y después retorne satisfecho con las respuestas.

 


Mercado “improvisado” a la orilla del río Niger (Malí)

La pinaza me espera en el puerto, en la orilla del agua. De verdad parece el desvencijado atrezzo de una vieja película. Pinaza de transporte, de mercancías, barco de madera vieja con mil viajes a sus espaldas, un toldo de plástico azul, un renqueante motor de camión, un espacio a llenar de mercancías. Hay otras pinazas, “turísticas”, más cómodas, mejor pintadas. Contraté mi viaje a un joven embaucador, Babilone, que se aprovechó de mi candidez, de mi ignorancia, embarcándome en este viejo transporte. Pero el engaño compensa, puedo imaginar sin cerrar los ojos, los mil años de comercio de estas aguas, en barcos similares, antiguamente cargados de hierro, oro, cera, colorantes, grandes bloques de sal del desierto, aceite, pieles que se venden a lo largo de las orillas, o se reservan para Occidente que paga mejores precios. Hoy es lo mismo, aunque las mercancías sean distintas, sacos de arroz o maíz, gallinas, grano, verdura, telas, cestos inmensos, bidones de gasolina, plátanos, cabras, racimos de pescado seco y cemento. Cruzarán el país a bordo de una de estas pinazas y permitirán así que el río cumpla su función de carretera de agua. Espero un largo rato mientras cargan el arroz, tantos sacos que la cubierta exterior apenas sobresale del agua. Un agua marrón, hija de las lluvias que han movido el fondo. Se me antoja algo peligroso, pero estos hombres cargan así sus barcos sabiendo que resistirán el viaje. Lo han resistido durante tantos años. Antes, estas pinazas, eran el único nexo de unión entre las poblaciones del borde. Y no solo transportan mercancías, también hombres, mujeres y niños.

 


“Mi” Pinaza particular donde pasaré 3 días hasta llegar a Tombouctou (Malí)

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Andaba yo pensando en África y hete aquí que mis pensamientos se cumplen, jeje.

Un abrazo.

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Fotografía


Iluminación
(Granada)


Ganas de volar
(México)


Atrapado
(Senegal)


Tormenta de miel
(Cualquier lugar)

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